miércoles, 4 de septiembre de 2013

Qué hace un interventor de la administración local?

Esta es una buena pregunta. 

No se trata de una profesión muy conocida fuera del ámbito administrativo. El puesto que más se asemeja en la empresa privada sería el de controller y en algunos casos el de director financiero. 

Un interventor local es un funcionario que trabaja para una entidad local, normalmente un ayuntamiento. Los interventores, realmente denominados interventores-tesoreros de la administración local con habilitación de carácter estatal, pertenecen junto con los secretarios locales y secretarios-interventores locales al cuerpo de habilitados estatales. Tradicionalmente, y parece que volverá a ser así en un futuro cercano, estos funcionarios han sido seleccionados por el Ministerio de Administraciones Públicas. Actualmente son seleccionados por las CC.AA. Una vez han superado la oposición pueden desempeñar su labor en cualquier entidad local del territorio español, pudiendo cambiar de entidad local a lo largo de su trayectoria profesional tantas veces como desee (dentro de las normas que regulan las permanencias, los concursos, etc.). 

La ley les asigna una serie de funciones que sólo ellos pueden desempeñar. En concreto los interventores-tesoreros que actúan como interventores (otros ejercen como tesoreros) deben ejercer la jefatura de la contabilidad y el ejercicio de las funciones de de control y fiscalización interna de la gestión económico-financiera y presupuestaria de la entidad local. Esto supone que el trabajo tiene una parte de "contable", supervisando que la contabilidad de la entidad refleja su imagen fiel, elaborando estados contables, etc., y otra parte de control donde el interventor debe dar su visto bueno, o bien manifestar su desacuerdo, con aquellas actuaciones de la entidad local que afecten a sus ingresos o a sus gastos. Los criterios para dar el visto bueno, o manifestar el desacuerdo, son la adecuación de la actuación a la legalidad vigente y a los principios de eficacia, eficiencia y economía. 

Aunque existe una serie de tareas y responsabilidades comunes a todos los interventores locales, en el día a día no todos los interventores hacen exactamente las mismas tareas, ni tienen las mismas responsabilidades, ni ganan el mismo dinero, ni se manifiestan igual ante la misma situación (al igual que en la empresa privada no todos los directores financieros hacen lo mismo ni ganan lo mismo, o al igual que distintos jueces dictan diferentes sentencias ante casos idénticos). Cada interventor, en el desempeño de su trabajo, se amolda, por así decir, a las circunstancias del momento (los empleados públicos de la entidad local, los políticos de esa determinada legislatura, la coyuntura económica, la normativa en vigor, etc) y proyecta sus inquietudes, conocimientos, experiencias e incluso su manera de entender su labor y su propia personalidad sobre la entidad local en la que está destinado. Así hay interventores muy estrictos y otros con más "mano izquierda", hay interventores que se implican mucho en la gestión de la entidad local y otros que se limitan al control de la gestión, hay interventores eruditos que mantienen una elevada actividad docente y publican numerosos artículos y libros (y que nos sirven a los demás de referencia ante los permanentes cambios normativos y las dificultades técnicas que nos asaltan), otros cuyo deseo es llegar a ser interventor de una gran capital o una gran diputación, otros acomodados en su municipio y que pasarán allí gran parte de vida laboral convirtiéndose a veces en auténticas "instituciones" en el ayuntamiento, etc. Como en toda profesión hay gente de todo tipo y para todo. 

Sea como fuere hay una características comunes, con carácter general, a los interventores y que hace que en cierta manera me enorgullezca de pertenecer a este colectivo. Éstas son, a mi modesto entender, las siguientes; vocación de servicio, ganas de contribuir a la sostenibilidad de la entidad local, al adecuado uso del dinero público, y a la mejor prestación de servicios en general, capacidad de adaptación e inquietud permanente por mantener los conocimientos actualizados y poder así desempeñar su labor con rigor y precisión, sentimiento de colectivo profesional pese a la soledad que supone el día a día de batallas y desencuentros con políticos y empleados públicos.

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